La ciencia-ficción como ejercicio de hipótesis científica

En 1959 el físico C. P. Snow ofreció una conferencia que estableció lo que desde entonces se denominó la ‹‹tesis de las dos culturas››. Según esta tesis, el edificio general del saber humano, con independencia de si tal edificio es sistemáticamente unitario o no, estaría esencialmente dividido en dos secciones: la sección de la ciencia natural y la sección de las humanidades. En el contexto alemán esta división queda reflejada según los términos de ‹‹ciencias de la naturaleza›› (Naturwissenschaften) y ‹‹ciencias del espíritu›› (Geisteswissenschaften). C. P. SnowSin embargo, utilizar esos términos para referirse a esta dicotomía produce en cierto modo el ocultamiento del conflicto profundo al que responde la tesis de las dos culturas en la medida en que el término ‹‹ciencia›› está presente en los dos ámbitos, cuando dicho conflicto profundo surge, en cambio, de la consideración de que la ciencia, entendida como verdadero saber (episteme), se contrapone a toda una serie de pseudosaberes, recogidos generalmente bajo el término ‹‹humanidades›› (que, aunque más apropiado que el alemán por no incluir la ciencia, es igualmente confuso por dar a entender que la ciencia no es un producto del hombre), que no habrían alcanzado el verdadero estatuto de ciencia ni podrían alcanzarlo. Esto produce un enfrentamiento entre aquellos que consideran que la ciencia es el verdadero ideal del hombre y los que piensan que la ciencia, de hecho, empobrece al hombre por oscurecer otras dimensiones de su cultura más profundas y significativas, como el arte.

“Los científicos creen que los intelectuales literarios carecen por completo de visión anticipadora, que viven singularmente desentendidos de sus hermanos los hombres, que son en un profundo sentido anti-intelectuales, anhelosos de reducir tanto el arte como el pensamiento al momento existencial. Cuando los no científicos oyen hablar de científicos que no han leído nunca una obra importante de la literatura, sueltan una risita entre burlona y compasiva. Los desestiman como especialistas ignorantes.” (C. P. Snow, Las dos culturas y la revolución industrial.)

Pues bien, existe en la cultura del siglo XX una dualidad conceptual que, si bien no remite directamente en su origen a la tesis de las dos culturas, sí puede recibir parte de su significado actualmente de ella: la dualidad presente entre los conceptos de “ciencia” (normal) y “ciencia-ficción”. Según esta dualidad, por una parte existe la ciencia (normal), la ciencia que accede realmente a la verdad y que se preocupa por conocer el mundo tal y como es; y, por otra parte, el hombre habría creado la ciencia-ficción como un producto artístico de su imaginación, que no estaría encaminado a explicar el mundo y su constitución, sino a servir, como el arte en general, como producto de entretenimiento. Cabría decir, exagerando informálmente el alcance de esta dualidad, que la ciencia-ficción es la distracción ociosa que permite a los hombres de ciencia evadirse por momentos de la verdadera tarea científica seria.

Sin embargo, el propio Snow no hubiera sido de esta opinión, pues lo que él buscaba con la tesis de las dos culturas era justamente una reconciliación entre las dos dimensiones del saber humano. Tampoco Juan José Plans, autor de La Literatura de Ciencia ficción, considera adecuado concebir a la ciencia-ficción como un acercamiento literario pero epistemológicamente degradado a la ciencia. Por el contrario, para Plans lo que caracteriza a la ciencia ficción es “su intento de interpretar el presente, sirviéndose de un futuro imaginario logrado mediante la extrapolación de la realidad actual”. Lo cual situaría a la ciencia-ficción al mismo nivel que la ciencia (normal) en su pretensión de entender la realidad. De hecho, si aceptamos que el fin último de la ciencia no es tanto entender la naturaleza y el funcionamiento normativamente ordenado del mundo, sino, más significativamente, el modo como ese funcionamiento incide en el desenvolvimiento pragmático del hombre, y cómo puede éste servirse de su conocimiento del mundo para alcanzar de un modo más completo sus objetivos, entonces la ciencia-ficción sería, paradójicamente, superior a la ciencia (normal), ya que es aquélla la que se plantea explícitamente esos interrogantes en relación a los paradigmas contemporáneos desarrollados por la comunidad científica.

¿Qué entendemos por ciencia-ficción?

“No cabe duda de que el término science-fiction no explica en absoluto lo que es el género, resultando desconcertante cualquier definición que se pretende sacar del mismo, principalmente si se atiende exclusivamente a ciencia y ficción.” (J. J. Plans, La Literatura de Ciencia ficción.)

Blade_runnerEn efecto, como subraya Plans, si intentamos entender lo que suponen todas las obras que pertenecen al género denominado más o menos desafortunadamente ‹‹ciencia-ficción›› atendiendo a lo que entendemos separadamente por ciencia (normal) y por ficción (artística), entonces nuestro propio método de análisis ensombrecerá nuestro objetivo, pues la ciencia-ficción ni es ciencia (normal) en sentido estricto ni es tampoco estrictamente una ficción en el sentido de un mundo completamente imaginado. Para Plans, la ciencia-ficción es el proyecto del hombre de intentar conocerse a sí mismo a través de la consideración, en un futuro imaginario, de las consecuencias derivadas de las cuestiones científicas y, en general, intelectuales que se debaten y desarrollan en su presente.

En este sentido, es comprensible, e incluso casi necesario, el que la mayor parte de las obras de ciencia-ficción transcurran en un momento histórico futuro al de su creación: lo que los autores de ciencia-ficción buscan situándose en un momento futuro no es la creación de un mundo imaginario diferente al nuestro, sino, por el contrario, elaborar una situación futura en la que los planteamientos científicos y adelantos tecnológicos actuales habrían generado ya sus últimas consecuencias, con el objetivo justamente de entender en todo su sentido el presente a partir de esas consecuencias esperables. “Lo que busca [la ciencia-ficción] no es predecir el futuro, sino comprender el presente, analizándolo a la luz de sus posibilidades implícitas.”

Por eso Plans define a la ciencia-ficción del siguiente modo: ‹‹con nostalgia, la imaginación disciplinada››, entendiendo por esa nostalgia el que el hombre se vea movido a entender su propia existencia.

“La ciencia ficción responde a los interrogantes que nos formulamos en nuestro siglo, sirviéndose de unas extrapolaciones por las que dejar plasmadas las inquietudes del género humano, principalmente intelectuales.”

Que este hecho implique en estas obras generalmente la construcción de un mundo futuro distinto al nuestro simplemente es fruto del optimismo o pesimismo con el que sus autores plantean esas consecuencias.

Metropolis-MK2-1Si desde este planteamiento nos acercamos a algunas de las obras de ciencia-ficción más conocidas que se sitúan en un mundo históricamente futuro ya alcanzado por nosotros, como pueden ser 1984, 2001: una odisea espacial o Un mundo feliz, nuestro modo de analizarlas sería erróneo si nos preguntáramos en qué medida sus autores acertaron o no al predecir el futuro. Pues su objetivo no era, justamente, predecir el futuro en su exactitud, sino aportar una herramienta artística que le permitiese a los hombres, especialmente a los hombres de ciencia, entender el significado real y último de las ideas y planteamientos que estaban desarrollando en el presente.

En el fondo, si la ciencia es la respuesta a la pregunta por el hombre, la ciencia-ficción intenta responder a ese mismo interrogante extrapolando las condiciones científicas actuales a un futuro en el que éstas han desarrollado todas sus consecuencias para poder conocer lo que es el hombre a partir de lo que llegará a ser de seguir el camino actual.

“Ya no se trata, como en los primeros años de la ciencia ficción, de adivinar el porvenir, de maravillar al lector, de hacerle vivir fantásticas realidades ajenas a la suya. Tampoco importa el que no pocos de los pronósticos expuestos en el género hayan sido posteriormente confirmados. (…) Lo fundamental, para el escritor de ciencia ficción del presente, es desentrañar la propia esencia del hombre. La ciencia ficción se ha convertido en un profundo humanismo, donde caben tanto los pesimismos como los optimismos.”

Desde este punto de vista, la ciencia-ficción no sería el rincón artístico al que los hombres de ciencia acudirían para evadirse de sus problemas científicos más serios, sino justamente la dimensión imaginaria que permite contemplar el significado último y las consecuencias esperables de esos problemas como un modo de entender mejor su esencia. Es más, si, como estableció Bacon, el método científico es el método hipotético, entonces la ciencia-ficción debe ser entendida verdaderamente como un ejercicio de hipótesis científica desde los paradigmas científicos actuales.

brave_new_world_10Sin embargo, esta última afirmación esconde un punto de separación entre la ciencia (normal) y la ciencia-ficción. Pues, en sentido estricto, la ciencia-ficción no suele ofrecer desarrollos novedosos de la ciencia en su aspecto teórico, es decir, no ofrece habitualmente planteamientos científicos nuevos. Más bien tiene tendencia a limitarse a plantear desarrollos nuevos de la tecnología: la ciencia-ficción se sirve por lo general de los paradigmas teóricos de la ciencia de su tiempo para plantear hipótesis acerca de los adelantes tecnológicos que esos paradigmas pueden llegar a hacer posible. En el fondo, la ciencia-ficción es, normalmente, ‹‹tecnociencia-ficción››, por estar habitualmente más centrada en la tecnología que en la ciencia. En las obras de ciencia-ficción aparecen frecuentemente inventos tecnológicos que en su momento parecían imposibles, y que sin embargo actualmente han sido ya creados y superados.

Eesto es lo que le permite a Plans afirmar que

“lo que antes era ficción, ahora es ciencia; lo que antes era sueño, ahora es realidad; lo que antes era cábala, ahora es resultado. Y no rechazamos el pensamiento, por lo que esperamos que acontezca en el devenir y gracias a nosotros, de que llegará un día ‹‹en que la posteridad se asombrará de que hayamos ignorado cosas que entonces parecerán tan claras››, como dijo Séneca.”

Por el contrario, prácticamente ningún autor de ciencia-ficción desarrolla realmente un planteamiento científico novedoso en el sentido de plantear un paradigma teórico nuevo que se derivase del actual.

Con todo, esta ‹‹deficiencia›› de la ciencia-ficción parece menor y casi irrelevante en la medida en que sería incongruente con su propio propósito el que una obra de ciencia-ficción plantease una situación sustentada en paradigmas científicos distintos a los dominantes en su época. Pues entonces en nada ayudaría a entender el significado de estos últimos. Éste es, de hecho, seguramente el motivo por el que los autores de ciencia-ficción se limitan por lo general a plantear hipótesis sobre posibles desarrollos tecnológicos en base al paradigma tecnocientífico actual. Es por este motivo por el que el arte de ciencia-ficción, más que ser apartado radicalmente de la ciencia seria como un mero producto imaginario, merecería ser tomado más en cuenta por los hombres de ciencia como una herramienta epistemológica útil a la hora de alcanzar sus propósitos.

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