Análisis y crítica del «principio de todos los principios» de Husserl (I)

El objetivo de este estudio es analizar las condiciones, el desarrollo y las consecuencias del famoso «principio de todos los principios» expuesto por Husserl en el §24 de Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica. La importancia de un estudio aclaratorio de las características e implicaciones teóricas de este «principio de todos los principios» es crucial desde el momento en el que dicho principio enuncia o describe el pilar central que hace posible, no sólo el desarrollo de la fenomenología como tal, sino, según el parecer de Husserl, de la filosofía misma como ejercicio crítico de pensamiento y conocimiento fundados. Esto es así porque el citado principio establece las condiciones según las cuales un conocimiento claro o distinto se da a la conciencia, antes incluso de la posible discusión acerca de su verdad o falsedad; esto es, es el principio que establece las condiciones por las cuales se da, en el conocimiento, un verdadero comienzo, que describe el verdadero y real inicio del pensamiento y del conocimiento. Por eso, este principio, de ser válido, no funciona como fundamento simplemente para la fenomenología, sino que lo hace para cualquier ejercicio filosófico de pensamiento y cualquier desarrollo científico de conocimiento más allá del propiamente filosófico.

Ahora bien, tal radicalidad de un principio exige un análisis igualmente radical de sus características y consecuencias, ya que una consideración débil o superficial podría dejar pasar elementos falaces o contradictorios que podrían resultar fatales a la hora de levantar una ciencia cierta sobre este principio. En este sentido, intentaremos en nuestro estudio realizar dicho análisis radical de este principio, aun cuando ello signifique obligar al propio principio a enfrentarse a su propia autodestrucción.

doctor_samuel_luke_fieldsPara ello seguiremos una descripción, por decirlo así, genética del planteamiento que Husserl hace de este principio, siguiendo las líneas del Capítulo II de la Sección primera del Ideas I en el que se desarrolla ese planteamiento. En esta medida, localizaremos la necesidad de plantear ese principio radical de todos los principios en el enfrentamiento de Husserl con el empirismo y la necesidad de radicalizar este sistema de pensamiento con el objetivo de crear una verdadera ciencia de las cosas mismas, un verdadero acercamiento a las cosas en cuanto tales. Finalmente, analizaremos el planteamiento del «principio de todos los principios», las características que se derivan de él desde el modo como está planteado, y procuraremos exponer, en caso de que los haya, defectos en la argumentación de Husserl que podrían anular la validez de dicho principio.

– Aproximación al problema: la reducción interna del empirismo por parte del positivismo

Como hemos indicado, siguiendo el desarrollo del Capítulo II de la Sección primera del Ideas I puede comprobarse fácilmente que, en el planteamiento del «principio de todos los principios» como fundamento de todo pensamiento o conocimiento que pueda aspirar a ser verdadero o falso, Husserl está dirimiendo con el empirismo reinante a comienzos del siglo XX, en el momento de redactarse este texto, y en concreto con el positivismo como la forma adoptada en ese momento por el empirismo.Este sistema de pensamiento dominaba el ambiente teórico de Europa como el planteamiento que establecía las condiciones necesarias para que un conocimiento pudiera ser considerado científico, incluido el filosófico.

El problema que Husserl encontraba en dicho planteamiento, como veremos, es que las condiciones que establecía como necesarias para un conocimiento científico excluían de hecho los desarrollos epistemológicos de la filosofía que vendrían a validar justamente los fundamentos del propio empirismo. De tal modo que, en las condiciones en las que está planteado, este sistema de pensamiento supone un escepticismo y, como tal, un contrasentido.

EmpirismoNo obstante, el problema se complica desde el momento en el que comprobamos que Husserl no desea negar por completo lo afirmado por el empirismo. En efecto, para Husserl, como comprobaremos más adelante, este sistema de pensamiento, bajo la forma positivista, establece condiciones validas en lo que respecta a una cierta dimensión del conocimiento científico, a saber, la que remite a las ciencias de la naturaleza, pues en ellas sí resultan ciertas y efectivas las tesis positivistas.

El conflicto deviene cuando el positivismo extiende el ámbito de aplicación de dichas tesis más allá de su campo legítimo hacia dimensiones del conocimiento científico en las que estas tesis encuentran, como tales, su fundamento, y no su aplicación. Estas dimensiones serán en concreto las dimensiones eidéticas y dogmáticas analizadas por la filosofía, desde las cuales ésta comprueba la necesidad de radicalizar las tesis empiristas modificando elementos de éstas para permitir su validez respecto a todo campo científico.

Lo determinante del análisis de Husserl de esta problemática, y de donde procede su radicalidad, es que no se plantea desde ninguna postura filosófica o científica previa semejante u opuesta al empirismo al que se enfrenta, sino que pretende analizar la validez de las tesis empiristas desde elementos independientes a cualquier postura o planteamiento; esto es, previos a cualquier tesis perteneciente a un sistema filosófico y, como tales, válidos necesariamente para todos ellos.

“Si es que la filosofía tiene un núcleo de “principios”” en el genuino sentido de la palabra, o sea, que por esencia sólo pueden fundarse en una intuición en que se den directamente, una discusión sobre ellos se decide independientemente de toda ciencia filosófica, sin necesidad de poseer la idea de ella ni de sus enseñanzas presuntamente fundadas.” Husserl, Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica, §18, pág. 47.

Al plantear la discusión con el empirismo desde elementos tan fundamentales Husserl consigue situarse justamente en el punto de partida de cualquier conocimiento científico, que el empirismo pretende analizar y condicionar, para demostrar la inconsistencia interna de éste y la necesidad de radicalizar sus tesis.

    1. Origen del problema: la desviación de la tesis empirista en el positivismo

¿Cuáles son, por tanto, las tesis empiristas que Husserl analiza? Desde su originario desarrollo en Francis Bacon y sus famosos ídolos de la ciencia el empirismo ha encontrado en la superstición y en los sistemas de pensamiento adoptados o conservados sin crítica alguna su principal enemigo. Lo que el empirismo, y, en esa medida, el positivismo reinante a principios del siglo XX, exige como condición necesaria para la validez de un conocimiento científico es que, a la hora de plantearlo, el sujeto cognoscente se encuentre completamente libre de cualquier tesis teórica previa que le indique cómo debe aprehender la realidad, esto es, que guíe de antemano su visión de la realidad, para, de este modo, poder aprehenderla tal cual es sin estar contaminado por ningún elemento externo a ella misma.

“Juzgar sobre las cosas racional o científicamente quiere decir dirigirse por las cosas mismas, o retroceder desde los dichos y las opiniones hasta las cosas mismas, interrogándolas tales cuales se dan en sí mismas y rechazando a un lado todos los prejuicios extraños a ellas.” §19, pág. 48.

Cuando esta exigencia se cumple y el investigador o científico se acerca a la naturaleza sin ningún tipo de prejuicio, entonces lo que aprehende puede ser considerado con derecho como la realidad tal cual, como la cosa misma tal y como es. A su vez, el conocimiento derivado de esa aprehensión puede ser considerado igualmente con derecho como verdadero o, por lo menos, como potencialmente verdadero o falso, y no como mera imaginación ajena a la verdad.

travis-bedel-1Éstas son las condiciones en las que se plantea la tesis empirista en su origen. Ahora bien, como Husserl señala acertadamente, en su desarrollo hacia el positivismo, movido por el triunfo de las ciencias de la naturaleza, el empirismo ha introducido subrepticiamente modificaciones en estas tesis, que han desviado su intención a la hora de describir las condiciones de la aprehensión originaria de la realidad.

En efecto, en un primer momento el empirismo establecía simple o puramente la necesidad de acercarse a los objetos del conocimiento de un modo teóricamente libre, exento de prejuicios.

Sólo otra expresión para decir lo mismo –tal cree el empirista– es la afirmación de que toda ciencia tiene que partir de la experiencia, que fundar su conocimiento indirecto en una experiencia directa. Así, ciencia auténtica y ciencia empírica son para el empirista una misma cosa.” §19, pág. 48.

Lo que señala Husserl es que con la equiparación de la aprehensión original de la realidad con la experiencia, en concreto con la experiencia sensible externa (de la que se nutren, en efecto, las ciencias de la naturaleza), se introduce subrepticiamente una modificación en la tesis empirista que desvía su intención y anula por completo su validez al identificar lo científicamente válido con lo constatable de modo directo únicamente por la percepción externa.

De este modo el positivismo identificó lo objetivamente constatable, la realidad objetiva, con lo empíricamente aprehensible desde la percepción externa, y calificó de imaginario, o simplemente de inadecuado o científicamente no fundado, cualquier tipo de conocimiento derivado de una fuente distinta a la percepción externa.

Aquí es donde Husserl localiza el error del empirismo. Pues esta identificación convierte a la realidad sensible en la única realidad objetiva, y elimina por ello todo un campo de objetos de conocimiento que no es constatable por experiencia o percepción externa, pero que, no obstante, sigue siendo válido para el empirismo: el campo de los objetos eidéticos.

“Las cosas no son sin más cosas naturales, la realidad en sentido habitual no es sin más la realidad en general, y sólo a la realidad natural se refiere ese acto en que se dan originariamente cosas y que llamamos experiencia.” §19, pág. 49.

El empirismo, en su forma de positivismo, no obstante, al negar la validez de los juicios de conocimiento distintos a los relativos a la percepción externa o fundados en ella, negó igualmente la objetividad científica de cualquier entidad no aprehensible por experiencia directa, de modo que anuló la existencia objetiva de dichos objetos eidéticos.

    1. Desarrollo de la argumentación de Husserl

HusserlUna vez localizada esta modificación subrepticia de la intención de la tesis empírica original, el propósito de Husserl será, en primer lugar, el de revelar en qué medida el propio empirismo necesita de la aceptación de la objetividad de esos objetos eidéticos, así como de los juicios en los que estos son aprehendidos originariamente, para la validez de sus propias tesis. De tal manera que el empirismo se muestre como un contrasentido por ser internamente inconsistente si no acepta esa dimensión eidética del conocimiento científico.

Con esto Husserl se sitúa en un punto de la argumentación científica en el que la tesis empirista debe ser radicalizada en orden a ser capaz de abarcar todas aquellas formas de aprehensión originaria, más allá de la simple percepción externa, para considerarlas como formas válidas del conocimiento científico. En este punto será en el que Husserl exponga el famoso «principio de todos los principios» como la tesis empirista radical que fundamenta cualquier tipo de conocimiento científico y filosófico.

          – Refutación de la limitación de las tesis empiristas.

Afirmar rotundamente que todos los juicios admiten fundamentación empírica, e incluso la requieren, sin haber sometido a un estudio la esencia de las formas radicalmente distintas de juicios, examinando si semejante afirmación no entraña a la postre un contrasentido, es una “construcción especulativa a priori”, que no resulta mejor porque esta vez venga del lado empirista. La verdadera ciencia y la verdadera exención de prejuicios propia de ella requiere como base de todas las pruebas juicios directamente válidos en cuanto tales o que saquen directamente su validez de intuiciones en que se dé algo originariamente.” §19, pág. 49.

Según el positivista, sólo la realidad empíricamente aprehensible tiene validez objetiva, y, por tanto, sólo los juicios que se deriven de lo empíricamente constatable pueden ser científicamente ciertos. Cualquier otro tipo de juicios, ya sean juicios imaginarios, eidéticos o dogmáticos, suponen elementos perniciosos del conocimiento que lo desvían de la aprehensión de la realidad objetiva e introducen elementos falsos en la ciencia. La tesis fundamental del empirismo bajo su forma del positivismo podría ser entonces enunciada del siguiente modo: toda evidencia científica debe ser directamente aprehendida en la experiencia o indirectamente derivada de aprehensiones empíricas de la realidad. Esta tesis, desde su carácter fundamental, enuncia las condiciones necesarias a cumplir por cualquier tesis que pretenda establecer un conocimiento científico, o, al menos, científicamente analizado. De modo que sólo lo empíricamente constatable entra dentro del campo de la ciencia, y todo lo que no es empíricamente constatable queda fuera de la consideración científica.

Deducción e inducciónAhora bien, para ser plenamente válido el positivismo debe validar su propio fundamento epistemológico desde las condiciones que éste impone a cualquier tesis; pues no por ser el fundamento de su propio sistema queda dicho fundamento fuera del alcance de sí mismo. Esto significa que la verdad de la tesis «toda evidencia científica debe ser directamente aprehendida en la experiencia o indirectamente derivada de aprehensiones empíricas de la realidad» debe ser igualmente aprehendida por experiencia o deducida de juicios empíricos.

Sin embargo, lo empíricamente constatable de modo directo sólo son casos singulares, nunca elementos universales, ni mucho menos condiciones abstractas de juicios epistemológicos. En este sentido, la verdad de la tesis fundamental del positivismo no puede ser aprehendida por experiencia.

El positivista, entonces, a la hora de validar su propia tesis, apelará, a la inducción y, en general, al complejo de raciocinios indirectos en los que se basa la derivación indirecta de tesis desde lo empíricamente constatable. Esto significa que el positivista, para fundamentar su tesis, partirá de casos singulares empíricamente constatables, y, poniendo en juego una serie de principios lógicos de deducción e inducción, desarrollará tesis indirectamente constatables en la experiencia que, finalmente, desembocarán en la tesis fundamental del positivismo.

Mas, para que dicho proceso sea válido según las condiciones establecidas por esa tesis fundamental del positivismo, es necesario que se compruebe empíricamente, ya sea directa o indirectamente, la validez de los principios lógicos de deducción o inducción puestos en juego en él. Dicho de otro modo: la evidencia de esos principios lógicos debe ser constatada empíricamente o derivada indirectamente de constataciones empíricamente válidas. Con lo que nos encontramos de nuevo con el mismo problema; y esta vez sin solución posible, pues lo único empíricamente constatable son, de nuevo, casos singulares, nunca principios lógicos universales. Por lo que la validez de estos debe ser comprobada indirectamente poniendo en juego los mismos principios lógicos que se pretende validar.

De este modo, finalmente, el positivista, queriendo fundamentar todo conocimiento científico según las condiciones establecidas por su tesis fundamental, deriva, de ser consecuente con su propia tesis, en la contradicción de tener que demostrar la validez de esta tesis a partir de juicios y procesos lógicos que la tesis misma vendría a validar. Por ello, concluye Husserl, el positivismo supone un contrasentido en la medida en que su propio planteamiento anula sus condiciones de posibilidad.

           – Radicalización de la tesis empirista: la intuición como aprehensión original.

AprehenderNo obstante, como indicábamos previamente, esta refutación del positivismo no implica, en el planteamiento de Husserl, un rechazo total de dicho planteamiento. Por el contrario, Husserl reconoce la validez de la tesis positivista en los términos en los que se encuentra formulada para el campo de las ciencias de la naturaleza. Ya que en éste, efectivamente, únicamente debe ser considerado como científicamente válido lo empíricamente constatable o lo indirectamente deducido desde ello, en la medida en que el objeto de estas ciencias es justamente la realidad externa aprehendida empíricamente. En este sentido, la tesis positivista queda limitada, por lo pronto, al campo de las ciencias de la naturaleza, del que deriva su formulación. Lo que implica que esta tesis no es capaz de juzgar acerca de la validez de elementos epistemológicos externos a dicho campo.

Sin embargo, el interés de Husserl a la hora de analizar las condiciones de validez de la tesis positivista no se limita a esa reducción de su campo de aplicación. Como puede comprobarse ya desde las Investigaciones lógicas, Husserl comparte el principio empirista general de que el conocimiento científico debe fundamentarse en lo positivo, debe ir a las «cosas mismas»; lo que no comparte es precisamente la equiparación de las «cosas mismas» con lo empíricamente constatable. Por ello, la intención de Husserl en el análisis previo no es simplemente demostrar que la tesis del positivismo, en su formulación previa, tiene validez sólo en el campo de las ciencias de la naturaleza, sino igualmente realizar una modificación fundamental en dicha tesis que permita que ésta sea válida en general para cualquier aprehensión originaria de la realidad, sea ésta empírica o de otra forma epistemológica. Lo cual vale tanto como decir que la intención de Husserl es retrotraer el positivismo a las condiciones generales del empirismo original relativas a todo el campo del conocimiento científico, y no únicamente al conocimiento científico-natural.

Para ello, Husserl elimina de la tesis empirista la condición que la limitaba a la experiencia externa, y sostiene que:

“la “visióndirecta, no meramente la visión sensible, empírica, sino la visión en general, como forma de conciencia en que se da algo originariamente, cualquiera que sea esta forma, es el último fundamento de derecho de todas las afirmaciones racionales. Función jurisdiccional sólo la tiene porque y en tanto que en ella se da algo originariamente.” §19, pág. 50.

Es decir: si lo que el empirismo exige es que cualquier conocimiento científico se fundamente en aprehensiones originales de la realidad libres de cualquier prejuicio o tesis teórica previa, entonces debe aceptarse como origen del conocimiento cualquier aprehensión original de una objetividad, independientemente de la categoría epistemológica de dicha aprehensión. Esto implica que lo que el positivismo establecía como condición necesaria para el conocimiento científico es válido más allá de los juicios empíricos, extendiéndose hacia todo el campo de aprehensiones generales en los que una objetividad se da originariamente.

“Así pues, sustituimos el concepto de experiencia por el más general de intuición, y por ende rechazamos la identificación entre ciencia en general y ciencia empírica.” §20, pág. 50.

memoriaAl radicalizar la tesis empirista que exigía tomar en consideración sólo la aprehensión originaria de una objetividad libre de elementos epistemológicos externos y extraños a ella Husserl anula la reducción de dicha aprehensión a la experiencia sensible externa y establece la forma más general de la intuición como el proceso epistemológico en el que algo se da originariamente, independientemente de la categoría que tenga esa intuición. Reproduce así Husserl la radicalización del empirismo que en su día Hume ya produjo respecto del uso que Locke hacía del término “idea” al sustituirlo por el más general y empírico “percepción”.

De este modo Husserl abre el empirismo a formas de intuición que quedaban fuera de la consideración científica desde el planteamiento positivista. Lo crucial de esta radicalización de la tesis empirista es la recuperación de una forma de intuición que será a partir de ella considerada como válida científicamente: la intuición eidética, justamente aquélla que es capaz de aprehender con evidencia la verdad de los principios lógicos de los que se servía el positivismo para desarrollar las ciencias de la naturaleza.

De facto sólo rechaza el positivista los conocimientos esenciales cuando reflexiona “filosóficamente” y se deja engañar por los sofismas de los filósofos empiristas, pero no cuando como investigador de la naturaleza piensa y funda sus afirmaciones tomando la actitud normal en las ciencias naturales. Pues entonces se deja guiar, patentemente, en muy amplia medida por evidencias esenciales.” §25, pág. 59.

Es decir, la refutación del positivismo elaborada por Husserl es, en último término, una reformulación de su tesis fundamental capaz de hacerse cargo de los fundamentos de cualquier tesis cognoscitiva, tal y como pretendía originariamente la tesis positivista, de tal modo que tras esta fundamentación el positivismo radicaliza la validez de su tesis fundamental y puede operar con ella, efectivamente, como la condición necesaria de todo conocimiento científico.

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